La jerarquía de controles define el orden técnico y legal que debe seguirse para reducir la exposición a riesgos laborales. No se trata de una recomendación genérica, sino de un criterio obligatorio que condiciona la evaluación de riesgos, la planificación preventiva y la adopción de medidas en los centros de trabajo. Su correcta aplicación permite reducir la siniestralidad, justificar decisiones técnicas ante inspecciones y cumplir con la normativa vigente.
Este artículo explica qué es la jerarquía de controles, cómo se aplica en la práctica, qué exige la legislación, qué responsabilidades conlleva y cómo documentarla correctamente en los sistemas de gestión preventiva.
¿Qué es la jerarquía de controles?
La jerarquía de controles es un sistema ordenado de medidas preventivas que prioriza las soluciones más eficaces frente al riesgo, comenzando por aquellas que eliminan el peligro en su origen y terminando en las que dependen del comportamiento individual.
Este orden no es opcional. La normativa de prevención de riesgos laborales exige anteponer las medidas colectivas a las individuales y actuar sobre el origen del riesgo siempre que sea posible. Cuando se omite este criterio, las medidas adoptadas pueden considerarse insuficientes, aun cuando existan equipos de protección o formación.
Origen normativo y marco legal aplicable
La jerarquía de controles se apoya en varios textos legales y técnicos de obligado cumplimiento:
Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales, que establece la obligación de evitar los riesgos y combatirlos en su origen, así como priorizar la protección colectiva.
Real Decreto 39/1997, por el que se aprueba el Reglamento de los Servicios de Prevención, que exige integrar la prevención en el conjunto de actividades y decisiones técnicas.
Reales Decretos específicos por riesgo, como los relativos a agentes químicos, ruido, vibraciones, equipos de trabajo o lugares de trabajo.
Directivas europeas de seguridad y salud en el trabajo, que consolidan el principio de eliminación del riesgo antes de recurrir a medidas individuales.
Guías técnicas y Notas Técnicas de Prevención (NTP) del INSST, que desarrollan la aplicación práctica de esta jerarquía en sectores y riesgos concretos.
El incumplimiento del orden de la jerarquía puede derivar en infracciones administrativas y responsabilidades civiles o penales en caso de accidente.
Los cinco niveles de la jerarquía de controles
1. Eliminación del riesgo
La eliminación supone suprimir completamente el peligro. Es la medida más eficaz y la primera que debe analizarse en cualquier evaluación de riesgos.
Ejemplos habituales:
Automatizar una operación peligrosa que antes se realizaba de forma manual.
Suprimir un proceso que genera exposición a agentes cancerígenos.
Rediseñar una instalación para evitar trabajos en altura.
Si la eliminación es técnicamente viable, cualquier otra medida resulta injustificable desde el punto de vista legal.
2. Sustitución
La sustitución implica reemplazar el riesgo por otro de menor peligrosidad. No elimina totalmente el peligro, pero reduce su impacto.
Aplicaciones frecuentes:
Sustituir disolventes orgánicos por productos base agua.
Reemplazar maquinaria ruidosa por equipos con menor emisión acústica.
Cambiar herramientas que generan vibraciones por modelos amortiguados.
La sustitución debe documentarse con fichas técnicas, evaluaciones comparativas y actualización de procedimientos.
3. Controles de ingeniería o medidas técnicas
Estas medidas actúan sobre el entorno de trabajo mediante soluciones físicas o técnicas que aíslan al trabajador del riesgo.
Ejemplos:
Sistemas de extracción localizada.
Cerramientos, resguardos y enclavamientos de seguridad.
Barreras acústicas o cabinas insonorizadas.
Ventilación general y específica.
Son medidas colectivas, por lo que su adopción tiene prioridad sobre las individuales.
4. Medidas organizativas y administrativas
Cuando las medidas técnicas no eliminan totalmente el riesgo, se aplican acciones organizativas que reducen la exposición.
Incluyen:
Procedimientos de trabajo seguro.
Limitación del tiempo de exposición.
Rotación de tareas.
Señalización y control de accesos.
Formación específica vinculada al riesgo.
Estas medidas dependen en gran parte de la gestión empresarial y requieren seguimiento continuo.
5. Equipos de protección individual (EPIs)
Los EPIs constituyen el último nivel de la jerarquía. Su uso solo se justifica cuando el riesgo no puede eliminarse o reducirse suficientemente por otros medios.
Características obligatorias:
Adecuación al riesgo y al trabajador.
Certificación conforme a normativa.
Formación e información sobre uso y mantenimiento.
Sustitución periódica y control de uso efectivo.
Basar la prevención únicamente en EPIs supone un incumplimiento del principio preventivo.
Aplicación práctica en la evaluación de riesgos
La jerarquía de controles debe reflejarse de forma explícita en la evaluación de riesgos y en la planificación preventiva.
Cómo justificar la elección de medidas
Para cada riesgo identificado debe constar:
Análisis de posibilidad de eliminación.
Valoración de sustitución.
Estudio de medidas técnicas colectivas.
Definición de medidas organizativas.
Determinación de EPIs necesarios.
Omitir alguno de estos pasos sin justificación técnica documentada puede ser motivo de requerimiento por parte de la Inspección de Trabajo.
Responsabilidades empresariales y técnicas
La aplicación correcta de la jerarquía de controles implica responsabilidades claras:
Empresario: garantizar la seguridad y salud, adoptar medidas conforme al orden preventivo y asignar recursos.
Servicio de prevención: asesorar técnicamente, evaluar riesgos y proponer medidas conforme a la jerarquía.
Mandos intermedios: aplicar procedimientos y supervisar el cumplimiento.
Trabajadores: utilizar correctamente los medios puestos a disposición.
La delegación de funciones no exime de responsabilidad si las medidas adoptadas no respetan el orden preventivo.
Errores frecuentes en la aplicación de la jerarquía de controles
Algunos fallos habituales detectados en auditorías y actuaciones inspectoras:
Entregar EPIs sin analizar alternativas técnicas.
Redactar procedimientos sin modificar condiciones materiales.
Mantener riesgos conocidos por motivos económicos sin justificación técnica.
No actualizar la evaluación tras cambios en procesos o equipos.
Estos errores debilitan la defensa jurídica ante accidentes laborales.
Ejemplos sectoriales de aplicación de la jerarquía de controles
Industria
En líneas de producción con atrapamientos:
Eliminación mediante automatización.
Sustitución de equipos antiguos.
Resguardos físicos con enclavamiento.
Procedimientos de consignación.
Guantes anticorte como complemento.
Construcción
En trabajos en altura:
Eliminación mediante prefabricación en suelo.
Sustitución de métodos de acceso.
Planificación de accesos.
Arnés anticaídas como último recurso.
Integración en sistemas de gestión y auditorías
La jerarquía de controles debe integrarse en:
Planes de prevención.
Procedimientos operativos.
Auditorías internas y externas.
Indicadores de desempeño preventivo.
Su correcta aplicación demuestra diligencia técnica y mejora la trazabilidad de decisiones.
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